• ¿Qué nos protege del alzhéimer?

    ¿Qué nos protege del alzhéimer?

    9 de Agosto de 2013

    Todos los cerebros, los de las personas que tiene alzhéimer y los sanos, tienen los componentes necesarios para que esta devastadora enfermedad progrese. Sin, embargo, en la gran mayoría de las personas no terminará desarrollando la enfermedad. ¿Por qué?


    Eso es lo que ha tratado de contestar el equipo de Subhojit Roy, de la Universidad de California (EEUU) en un artículo publicado en Neuron. Según Roy, la explicación reside en que en la mayoría de las personas se mantiene la separación entre la proteína y la enzima que, al combinarse, produce la degeneración neuronal del alzhéimer; sin embargo, no ocurre así en aquellos que desarrollan la enfermedad.


    «Es como lo que ocurre con la pólvora», explica Roy. Por eso, señala, «saber cómo se separan la pólvora y fósforo -del alzhéimer- puede darnos nuevas pistas sobre como detener la enfermedad».

    Cascada amiloide

    La gravedad de esta enfermedad se mide por la pérdida de neuronas en funcionamiento. En términos patológicos, explica, hay dos signos reveladores de su presencia: la placas de la proteína beta-amiloide se acumulan las neuronas y los ovillos de otra proteína, tau, que se localizan dentro de las neuronas. La mayoría de los neurólogos cree que el alzhéimer está causado por el acumulo de la proteína beta-amiloide que es responsable de una secuencia de eventos que conduce a la alteración de la función celular y la muerte neuronal. «Es la hipótesis de la cascada amiloide, que sitúa a la proteína beta-amiloide en el centro de la enfermedad».


    Sin embargo, para que se genere la beta-amiloide es preciso que se produzca una combinación entre la proteína precursora de amiloide (APP) y una enzima que se escinde de ésta en fragmentos más pequeños tóxicos, la beta-secretasa. «Y estas dos proteínas están muy expresadas en el cerebro y, si se combinara, todos nosotros tendríamos alzhéimer«», explica Roy.

    Afortunadamente esto no sucede. El equipo de Roy ha visto que las células sanas de nuestro cerebro segregan ambas proteínas, la proteína precursora amiloide y la beta secretasa, pero que de una forma muy inteligente separa en compartimentos diferentes estos dos compuestos, asegurando así que no haya contacto entre ellas. Pero además han identificado qué tiene que ocurrir para que estos dos 'conspiradores' se combinen: «básicamente un aumento de la actividad eléctrica neuronal».


    Estos hallazgos podrían tener una importancia fundamental, ya que definen algunos de los primeros acontecimientos moleculares que desencadenan la enfermedad de Alzheimer y muestran cómo los evita un cerebro sano. En términos clínicos, los datos muestran una posible nueva vía para tratar o incluso prevenir la enfermedad. Por ejemplo, dice Roy, «tal vez podamos seleccionar moléculas que pueden mantener separadas la proteína precursora amiloide y la beta secretasa; un enfoque poco convencional

  • Los próximos fármacos contra el alzhéimer serán más precisos y con menos efectos secundarios

    Los próximos fármacos contra el alzhéimer serán más precisos y con menos efectos secundarios

    9 de Agosto de 2013

    Los medicamentos de última generación diseñados para combatir la enfermedad de Alzheimer parece ser muy prometedores. Así se subraya en un artículo que se publica en Nature Communications en que se han dado nueva información sobre los mecanismos de dos nuevas clases de compuestos que se están probando en ensayos clínicos en humanos. Los resultados de un equipo de la Ecole Polytechnique Fédérale de Lausanne (Suiza) explican cómo estas dos nuevas «balas» se dirigen a los péptidos que causan la enfermedad con precisión milimétrica y con efectos secundarios mínimos.


    La enfermedad de Alzheimer se caracteriza por la agregación de pequeñas moléculas biológicas, conocidas como péptidos amiloides. Todos  producimos estas moléculas, que desempeñan un papel antioxidante esencial. Pero en las personas con alzhéimer, estos péptidos se agregan al cerebro y forman placas tóxicas -placas de amiloide- que destruyen las neuronas circundantes.


    El proceso, explican los investigadores, se inicia con la proteína APP, que se encuentra al otro lado de la membrana de la neurona. Esta proteína se divide en varias piezas por una enzima y el corte inicial genera una proteína intracelular más pequeña que juega un papel útil en la neurona. Otro corte libera el resto de la APP -el péptido amiloide- fuera de la célula. Y por razones aún no bien comprendidas, la proteína APP se puede cortar por distintos lugares, produciendo así péptidos amiloides de diferente longitud, aunque únicamente las formas más largas tienen la capacidad de agregación en placas, y se sabe que en las personas con enfermedad de Alzheimer se produce un número anormalmente elevado de ellas.


    La diana favorita
    La próxima generación de fármacos se dirige a una enzima que corta a la APP, la gamma secretasa. Hasta ahora, señalan los investigadores suizos, se ha fracasado en conocer los mecanismos, pero con este trabajo han sido capaces de arrojar algo más de luz al determinar cómo los nuevos fármacos afectan a la secretasa gamma y a su actividad de corte.


    En la mayoría de las formas de alzhéimer se forman grandes cantidades del péptido amiloide largo 42 -llamado así porque contiene 42 aminoácidos-. Las nuevas moléculas, explica, cambian la ubicación de la gamma secretasa encargada de cortar la proteína APP, y así produce un péptido amiloide 38 en lugar de 42, que es más corto y no se agrega en placas neurotóxicos en el cerebro.


    En comparación con los resultados previos, éste es un avance importante. En 2010, los ensayos clínicos de fase III tuvieron que ser suspendidos porque el compuesto que se estaba probando inhibía la función de la gamma-secretasa en todos los ámbitos, lo que significa que la enzima también se desactivaba en los procesos básicos de diferenciación celular, lo que generaba efectos secundarios como hemorragias gastrointestinales y cáncer de piel.


    «Desde hace más de una década estamos trabajando con la gamma secretasa», explica Patrick. «Ahora, nuestro trabajo sugiere que la próxima generación de fármacos, al modular la actividad de la enzima en vez de inhibirla, podría tener pocos efectos secundarios».

    Formas hereditarias

    Los científicos también han identificado las posibles causas que subyacen en algunas formas hereditarias de la enfermedad de Alzheimer, que pueden aparecer incluso a los treinta años de edad. Así, han visto que en las personas con alzhéimer de inicio temprano, las mutaciones en el gen de la proteína APP modifican la manera por la que la APP es cortada por la enzima gamma-secretasa. Esto causa la sobreproducción del péptido amiloide 42, y por tanto de agregados en las placas amiloides

  • En el alzhéimer, la familia sí importa

    En el alzhéimer, la familia sí importa

    9 de Agosto de 2013

    Los familiares cercanos de personas con enfermedad de Alzhéimer son dos veces más propensos que los que no tienen una historia familiar a desarrollar la acumulación silenciosa de placas cerebrales asociadas con la patología, según investigadores del Centro Médico de la Universidad de Duke, en Durham (Estados Unidos).


    Su estudio, publicado en PLoS ONE, confirma los resultados anteriores de una conocida variación genética que aumenta el riesgo de padecer Alzheimer y plantea nuevas preguntas sobre otros factores genéticos implicados en la patología que aún no se han identificado.


    Se estima que 25 millones de personas en todo el mundo tienen enfermedad de Alzhéimer, un número que se espera que se triplique para el año 2050, y más del 95% de estos individuos tienen la patología de inicio tardío, que ocurre generalmente después de los 65 años. La investigación ha demostrado que la enfermedad de Alzhéimer comienza años o décadas antes de que se diagnostique, con cambios en el cerebro medibles a través de una variedad de pruebas.

    Genes similares

    La historia familiar es un factor de riesgo y predictor de la enfermedad de aparición tardía y los estudios sugieren un período de dos a cuatro veces mayor de riesgo de alzhéimer en personas con una madre, un padre, un hermano o hermana que la desarrollan. Estos parientes de primer grado comparten aproximadamente el 50 por ciento de sus genes con otro miembro de su familia. Variaciones genéticas comunes, incluyendo cambios en el gen APOE, representan alrededor del 50% de la herencia de la enfermedad de Alzhéimer, pero las raíces genéticas de la patología se encuentran aún sin explicación.

    «En este estudio, hemos tratado de comprender si simplemente tener una historia familiar positiva (tener un padre o hermano con alzhéimer), en personas normales o ligeramente olvidadizas, es suficiente para desencadenar la acumulación silenciosa de placas de Alzhéimer y la contracción de centros de la memoria», dijo el autor principal, P. Murali Doraiswamy.


    Erika J. Lampert, Doraiswamy y sus colegas analizaron los datos de 257 adultos, de 55 a 89 años, cognitivamente sanos y con diversos niveles de deterioro. Los participantes formaban parte de la Iniciativa de Neuroimagen la Enfermedad de Alzheimer, un estudio nacional de trabajo para definir la progresión de la enfermedad de Alzhéimer a través de biomarcadores.


    Los investigadores encontraron que una variación en el gen APOE asociada con un riesgo mayor y un inicio más temprano de la enfermedad de Alzhéimer fue excesiva en los participantes con un historial familiar de la enfermedad. Otras diferencias biológicas también se observaron en aquellos con una historia familiar, lo que sugiere que los factores genéticos no identificados pueden influir en el desarrollo de la enfermedad antes de la aparición de la demencia.


    Casi la mitad de todas las personas sanas con antecedentes familiares positivos han cumplido los criterios para la enfermedad de Alzhéimer preclínica en mediciones de su líquido cefalorraquídeo, pero sólo alrededor del 20 por ciento de los que no tienen una historia familiar tendría esos criterios. «Ya sabíamos que la historia familiar aumenta el riesgo de desarrollar alzhéimer, pero ahora se demuestra que las personas con antecedentes familiares positivos también pueden tener niveles más altos de la patología de Alzhéimer antes, lo que podría ser una razón por la que experimentan un declive cognitivo más rápido que los de sin antecedentes familiares», remarcó Lampert.


    «Nuestro estudio demuestra el poder de un sencillo cuestionario de un minuto sobre la historia familiar para predecir los cambios cerebrales silenciosos», dijo Doraiswamy. «Ante la falta de comprensión total de todos los riesgos genéticos para la aparición tardía de alzhéimer, la información de la historia familiar puede servir como una herramienta de estratificación de riesgo para la investigación de la prevención y la personalización de la atención», agregó

  • El papel de la insulina en la enfermedad de Alzheimer

    El papel de la insulina en la enfermedad de Alzheimer

    8 de Agosto de 2013

    El papel de la insulina en la enfermedad de Alzheimer

    Por zientziakultura

    Corte frontal de un cerebro sano (izquierda) y con alzhéimer (derecha) | Fuente: Wikimedia Commons

    A pesar de que se desconozca aún el origen último de la enfermedad de Alzheimer, uno de sus signos evidentes es la acumulación de ciertas proteínas (beta-amiloide y tau) en el cerebro. Pero cada vez hay más pruebas de que la hormona insulina también juega un papel importante. Entre estas pruebas está la asociación en ambas direcciones entre la diabetes tipo 2 (DT2) y la enfermedad de Alzheimer (EdA), y el aumento de riesgo de padecer EdA a los tres años de que se diagnostique resistencia a la insulina.

    The Dana Foundation ha publicado recientemente las principales ideas aportadas en un simposio sobre la relación entre insulina y EdA celebrado el pasado mes de abril en la Academia de Ciencias de Nueva York (EE.UU.).

    El que existe una relación, como hemos dicho, entre resistencia a la insulina y alzhéimer es algo sobre lo que hay bastante consenso. Ahora bien, a la hora de responder a las dos preguntas fundamentales, el consenso se evapora. Estas preguntas son: ¿Es la EdA básicamente una diabetes del cerebro en la que lo que falla en última instancia es la capacidad para usar la glucosa? O ¿es más bien una cuestión de los procesos de señalización de la insulina no relacionados directamente con la gestión de la energía?

    Para que nos hagamos una idea de la complejidad de las respuestas consideremos que algunos de los participantes en el simposio han llegado a sugerir que tanto la insulina como la beta-amiloide se degradarían mediante la misma enzima, lo que implicaría que mucha o poca insulina en el cerebro podría afectar a la eliminación de la beta-amiloide y promover por tanto su acumulación.

    El simposio también ha puesto de manifiesto que aún no se tienen claros ni los mecanismos, ni las moléculas implicadas. Los intervinientes han visto necesario describir recurrentemente qué entienden por EdA desde el punto de vista biomolecular. Eso sí, ha aparecido frecuentemente la idea de que podría ser una posibilidad que los fármacos actualmente aprobados para la diabetes podrían ser beneficiosos para la EdA.

    Insulina | Fuente: Wikimedia Commons

    La exposición de Konrad Talbot de la Universidad de Pensilvania viene a resumir las posiciones más frecuentes [lo que no significa que sean correctas necesariamente] entre los investigadores. Talbot describe las principales características de la EdA como una progresión que empieza por algo que provoca la acumulación de beta-amiloide soluble y termina en la decadencia cognitiva. Los pasos intermedios incluirían la activación de las glías, la liberación de citoquinas, la disfunción sináptica, la formación de agregados y la muerte neuronal.

    Para Talbot la insulina estaría en medio de todos estos cambios: “Virtualmente todas las funciones alteradas en la EdA están afectadas por la señalización de la insulina […] la eliminación de la beta-amiloide, la supervivencia celular, el control inflamatorio, el metabolismo de los lípidos, la función vascular, la formación de sinapsis y la plasticidad”. Y aún más tajantemente: “Cualquier cosa que pueda interrumpir la señalización de la insulina puede contribuir a la patología que se asocia con la EdA”.

    Cuando hablamos de insulina en el cerebro solemos pensar en insulina producida en el páncreas y que cruza la barrera hematoencefálica mediante un transportador. Sin embargo mucha de la insulina implicada en estos procesos se produce en el mismo encéfalo y no en el páncreas. Parece existir una reserva independiente, según Talbot: “Puedes aumentar o disminuir los niveles de insulina en plasma [en el cuerpo] en cantidades enormes, que no tendrá efecto en los niveles de insulina del encéfalo”. Y añade “la resistencia a la insulina […] es a insulina local”.

    Pero la cosa se complica un poco más. Suzanne de la Monte, de la Universidad Brown, una de las pioneras en el estudio de la relación entre insulina y EdA, enfatizó la complejidad de los procesos que unen resistencia a la insulina y EdA y sugiere que un nuevo conjunto de moléculas tiene un papel importante en ella: las ceramidas (un tipo de lípidos) tóxicas.

    De la Monte señala que existe una asociación entre la resistencia a la insulina periférica, como la que se ve en la obesidad, el síndrome metabólico o la DT2, y la producción de ceramidas, que promueven la inflamación, el estrés oxidativo, la muerte celular, a la vez que inhiben la señalización de la insulina. Estos lípidos tóxicos pueden cruzar la barrera hematoencefálica y los encéfalos de las personas con EdA también producen sus propias ceramidas.

    Oiremos y leeremos mucho en el futuro sobre la relación entre DT2 y EdA. Baste por ahora saber que la relación entre resistencia a la insulina y EdA está ahí y que en un mundo donde cada vez más el sedentarismo y la obesidad son epidémicos la siguiente reflexión de de la Monte añade un punto más de alarma, si cabe:

    La resistencia a la insulina en el resto del cuerpo y en el encéfalo están asociadas, pero no unidas irremediablemente. La EdA aparece en personas sin diabetes y viceversa. […] Pero creo que la DT2 está disparando las tasas de EdA: los pacientes con EdA de bajo nivel se ven empujados a la enfermedad clínica.

    Sólo cambios de hábitos vitales (difíciles e improbables a nivel general) y la inversión en investigación básica (la ruta más segura) podrán poner coto al alzhéimer y a los altísimos costes, personales y sociales, que conlleva

  • Alzheimer, lo que debes saber

    Alzheimer, lo que debes saber

    8 de Agosto de 2013

    Consiste esencialmente en la muerte de determinadas neuronas de la corteza cerebral de manera gradual y progresiva, de naturaleza desconocida y que cursa con demencia. Es una enfermedad neurodegenerativa. Si van muriendo poco a poco esas neuronas, sus conexiones con las otras neuronas se van destruyendo y las redes van desapareciendo.

    En función de la edad de aparición, se habla de dos tipos de Alzheimer:

    El primero es el Alzheimer de aparición temprana, en el que los síntomas aparecen antes de los 65 años. Es mucho menos común y tiende a empeorar rápidamente, puede ser hereditario y ya se han identificado varios genes.

    El segundo tipo es el Alzheimer de aparición tardía, que es la forma más común de la enfermedad y que se presenta en mayores de 65 años. El avance, en general, es progresivo aunque más lento.

    En relación a los signos,

    1. El Alzheimer comienza principalmente con pérdida de memoria (que es lo que más fácilmente advierten los enfermos, sus familiares y amigos). Especialmente, la memoria de hechos recientes o de corto plazo, es decir, la persona tiene olvidos relativos a encargos o citas, dónde guardó sus objetos, qué dijo momentos antes, qué hizo con anterioridad, etc.

    2. También podemos observar cambios de humor y de personalidad, esto normalmente lo observa más la familia y amigos (retraimiento, mal humor, cambios bruscos e inmotivados).

    3. Aparece también la pérdida del sentido de orientación temporal y espacial (qué hora, día, mes y año, donde estoy, como voy a determinado lugar).

    4. El lenguaje también se ve afectado, tanto en su producción como en la comprensión. Puede observarse también pérdida y deterioro en la capacidad de juicio y reflexión, como también en el pensamiento abstracto y en la resolución de problemas.

    5. La capacidad de cálculo también se deteriora, lo que se hace muy evidente al principio, cuando tienen dificultades para llevar sus cuentas, hacer la comprar o manejar el dinero. La atención y concentración también se ven alteradas.

    ¿Es hereditaria la enfermedad de Alzheimer?

    Sólo el 1% de las demencias tipo Alzheimer son hereditarias y es entonces cuando hablamos de Alzheimer familiar.

    Para dicho diagnóstico debe contarse con más de un miembro de la familia afectado (generalmente 3 o más familiares directos) y un diagnóstico de certeza, es decir, una confirmación anatomopatológica (análisis de tejido cerebral tras la autopsia). En este caso, la probabilidad de transmitir la patología a los hijos es de un 50%.

    Si bien en estos casos la patología suele iniciar precozmente (antes de los 60 años) los síntomas clínicos y la evolución de la patología son iguales a las de las formas esporádicas.

    El 90% restante de los casos de Alzheimer no son familiares sino esporádicos. Sin embargo, también existen casos -muy poco frecuentes- en los que determinadas alteraciones genéticas muy específicas dan lugar a variantes heredables de la enfermedad

  • CUIDADO DEL CUIDADOR

    CUIDADO DEL CUIDADOR

    8 de Agosto de 2013

    Sin duda, los familiares siguen siendo la principal fuente de apoyo y ayuda para las personas mayores y aquellas que padecen algún tipo de demencia o Alzheimer. Por eso, desde el Centro Virtual sobre el Envejecimiento hemos decido dedicar esta semana a los cuidadores-familiares, aquellas personas que proporcionan un cuidado permanente e intensivo durante transcurso de la enfermedad de su ser querido y que, en muchas ocasiones, sienten tensión, culpabilidad, tristeza o soledad al enfrentarse a esta situación. El ‘Cuidado al cuidador’, titulo del video que compartimos con vosotros, es fundamental para poder atender las necesidades de la persona dependiente. Si no se cuida la salud y el bienestar del cuidador, la salud y el bienestar de nuestro ser querido se va a ver perjudicada. Para ello, compartimos con vosotros este vídeo del Centro de Humanización de la Salud  de Madrid en el que se ofrecen una serie de consejos prácticos sobre cómo cuidar de uno mismo, abordando los siguientes aspectos:

    ·         Poner límites al cuidado: saber decir “no”.

    ·         Dejarse ayudar.

    ·         Planificar el futuro y los ratos libres.

    ·         Cuidar la propia salud.

    ·         Mantener las aficiones.

    ·         Organizar el tiempo.

    ·         Descansar.

    ·         Alejar los sentimientos de culpa.

    ·         Aprender de dejar de estar tristes

  • Todas las personas tenemos las proteínas para desarrollar alzhéimer

    Todas las personas tenemos las proteínas para desarrollar alzhéimer

    8 de Agosto de 2013

    Los componentes están ahí, pero el cóctel no tiene por qué producirse. Es la conclusión de un trabajo básico (no por lo sencillo, sino porque le falta un largo recorrido para un posible uso clínico) que publica Neuron y que explica la causa última por la que unas personas tienen alzhéimer y otras, no. La razón fisiológica lleva a lo que ya se sabe: la acumulación de unas proteínas, las llamadas beta-amiloides, en el cerebro que llevan a una pérdida de funcionalidad de las neuronas. Pero estas proteínas no vienen de la nada. Como en todos los procesos biológicos, son el resultado de una larga cadena de procesos, y ahí está la clave.

    En concreto, los investigadores de la Universidad de California en San Diego han estudiado el paso previo a la aparición de las beta-amiloides, y esto les ha llevado a otras dos proteínas. Una, su origen natural, las llamadas proteínas precursoras del amiloide (APP) –un nombre bastante obvio, como puede verse-; la otra, la enzima (otro tipo de proteína) que la transforma, la llamada beta-secretasa (BASE).

    La conclusión de los investigadores es que todos tenemos abundantes copias de ambas. Pero lo que hace que unas personas desarrollen alzhéimer y otras no es su capacidad para mantenerlas separadas. Se trata de un sistema de regulación bastante extraño en la bioquímica, ya que no obedece a moléculas protectoras o algo similar, sino a simple cercanía física. Como dice el investigador Subhojit Roy, es como tener la dinamita y la cerilla: se trata de que no se toquen.

    más información

    El estudio se ha hecho en cultivos celulares de neuronas del hipocampo de ratones y personas. Y en él se ha visto otra cosa: la proximidad se puede forzar, por ejemplo, aumentando la actividad eléctrica de las neuronas.

    Las conclusiones son, desde un punto de vista teórico, sencillas: si se consigue impedir que ambas proteínas, la APP y la BASE se junten, se evitará el alzhéimer. El problema está, primero, en que hay que actuar dentro de las neuronas cerebrales. El segundo, que esto debe hacerse sin alterar otras funciones. “Es un abordaje poco convencional”, admite Utpal Das, posdoctoral del laboratorio y primer firmante del artículo.

    El trabajo también plantea otras vidas de estudio: qué circunstancias de la vida de una persona –dieta, ejercicio, contaminantes, infecciones, genes- es determinante para que el proceso de acercamiento entre ambas proteínas se produzca o no, lo que podría llevar a prevenir la enfermedad.